jueves, 18 de octubre de 2007

La Gran Miseria Humana - Autor anónimo

Una noche de misterio
estando el mundo dormido
buscando un amor perdido
pasé por el cementerio.
Desde el azul hemisferio
la luna su luz ponía
en la gran muralla fría
de la necrópolis santa,
en donde a los muertos canta
el búho su triste elegía.
La luna sus limpideces
a las tumbas ofrecía,
y pulsaba el aura umbría
el arpa de los cipreses,
y aquellas lobregueses
de mi corazón hermanas,
me inspiraron y con ganas
de interrogar a la Parca,
entré a la glacial comarca
de las miserias humanas.
Acompañado del cierzo,
los difuntos visité,
y en cada tumba dejé
una lágrima y un verso.
¿Estaba allí de perverso
entre seres no ofensivos?
¿Fui a perturbar los cautivos
en sus sepulcros desiertos?
¡Pues no,
fui a buscar a los muertos,
por tener miedo a los vivos!
La noche estaba muy bella
y el aire muy sonoro,
y una dalía de oro
semejaba cada estrella,
y la brisa sin querella,
por ser voluble y ser vana,
en esa mansión arcana
corría llena de embelesos,
poniendo sus frescos besos
en la gran miseria humana.
La luna seguía brillando
en el azul de los cielos,
y las nubes con sus velos
sin miedo la iban tapando,
y en procesiones pasando
por la intensidad secreta,
iban... y la brisa inquieta
retoraba en el saúz
que emperlaba con su luz
Diana, la novia del poeta.
La luna, que Diana es,
en aquella hermosa noche,
se abría como el aúreo broche
de una flor de esplendidez.
Sentí vacilar mis pies
en tan lúgubre mansión,
y me senté en un panteón
con la lira en una mano
y como un revuelto océano
temblaba mi corazón!
Bajo de un ciprés sombrío
y verde cual la esperanza,
con su fúnebre asechanza
estaba un cráneo vacío,
y sentí pavor y frío
al mirar la calavera,
pareciéndome en su esfera
que se reía de mí,
y yo de ella me reí,
viéndola calva y tan fiera.
¿Dime, humana calavera,
qué se hizo la carne aquella
que te dio hermosura bella
cual lirio de primavera?
¿Qué se hizo tu cabellera
tan frágil y tan liviana,
dorada cual la mañana
de la aurora al nacimiento?
responde, miseria humana.
Calavera, sin pasiones di,
¿qué se hicieron tus ojos
con que mataste de hinojos
a idilios y corazones,
que repletos de ilusiones
te amaron con soberana pasión
que no era villana?;
y en estas horas tranquilas di,
¿qué hiciste tus pupilas?
contesta, miseria humana.
Aquí donde no hay tropel,
calavera sin resabios di,
¿qué se hicieron tus labios
tan rojos como un clavel
y dulces como la miel
de la campiña romana?
¿Esos tus labios de grana
llenos de pasión mentida,
qué se hicieron en la vida?
responde, miseria humana.
¿Calavera a quién feliz besa
la luna de plata,
di por qué te encuentras ñata
si era larga tu nariz?
¿Dónde está la masa gris
de tu cerebro pensante
dónde tu bello semblante
y tu mejilla rosada,
que a besos en noche helada
quiso comerse un amante?
Aquí donde todo es calma
contesta, cráneo vacío,
¿qué se hizo tu poderío
y ese placer de tu alma?
¿Qué fue de la aurina palma
que te dio el amor un día?
Tu altivez, tu bizarría,
tus sonrisas que mintieron,
dime, dime, qué se hicieron?
¡Oh, calavera sombría!
A mis interrogaciones
el cráneo blanco callaba,
mientras la luna alumbraba
sacófagos y panteones.
Y dije sin aflicciones:
¡Si eres el cráneo de aquella
que en mi vida sin querella
me despreció con desdén,
despréciame ahora también,
eclipsa otra vez mi estrella?
¡Estamos en la mansión
de la austera realidad!
¿Qué se hizo la liviandad
que tenía tu corazón?
¿No respondes?
¡Mudos son tus labios
que pronunciaron cosas
que ya se tornaron
en pálidas flores muertas,
cosas que no siendo ciertas
a mi pobre corazón mataron!
Aquí en esta soledad
que solo cruza el cocuyo,
dime, que se hizo tu orgullo,
tu amor y tu vanidad?
¿Qué se hizo tu potestad
de persona soberana
y mentirosa y galana,
que ostentó tanta belleza?
responde, miseria humana.
Vanidad de vanidades
solamente son tus galas.
¡Oh, mariposa sin alas
llorad a tus liviandades!
Las áticas realidades
te circundan con profundo marasmo,
donde infecundo es el amor que iluminan,
aquí es donde se terminan
las vanidades del mundo.
¡Aquí, en este camposanto
se terminan los amores,
las alegrías, los dolores,
el poderío y el encanto,
secan los ojos el llanto
y el mundo vivo suspira,
aquí no llega la ira
de la muchedumbre inquieta,
aquí se termina el poeta
y se enmudece la lira!
En este mundo idealista
de egoísmo y de censura,
tan solo la sepultura
es la que no es egoísta,
ella recibe humanista
al santo y al condenado,
al pobre, al acaudalado,
al perverso, al necio, al caco,
al honrado, al malo, al flaco,
al bruto y al ilustrado.
Al rodar el ataúd
en la hueca sepultura,
se igualan en línea oscura
el crimen y la virtud;
en eterna laxitud
queda todo movimiento,
lanza gemidos el viento
y la soledad aterra
y ruedan sobre la tierra
los cráneos sin pensamiento.
Aquí en este triste erial
donde sucumbir es ley,
el esqueleto de un rey
al de un esclavo es igual!
¡Aquí al toque funeral
de la sonora campana,
queda la cabeza cana
como la de un negro pelo
y nata dando recelo,
es la calavera humana!
¡Aquí en este entristecido
y lúgubre camposanto
termina del vate el canto
y del músico, el sonido,
del pintor el colorido
y de su cerebro el foco,
se consume sin sofoco
y solo queda el recuerdo!
¡Aquí tanto vale el cuerdo
como lo que vale un loco!
¡Todo corazón se aterra
al llegar a esta mansión
viendo clavar el cajón
que se comerá la tierra!
¡Cuando una tumba se cierra
el alma gime asustada
y esa humana bandada
que a otros hoy viene a enterrar;
mañana en este lugar
será polvo... y será nada.
¡En esta mansión
donde el fatuo refleja,
se pudre la carne vieja,
como la carne jovial,
aquí el necio se hace igual
al urbano de ilustrada
sociedad civilizada,
y aquí la diosa riqueza
es igual a la pobreza,
todo aquí es polvo y es nada!
Y dijo la calavera:
¡Aquí en este camposanto
se perdió todo mi encanto
con que vanidosa era,
se acabó mi cabellera
que en un tiempo fue enflorada,
y mi mejilla rosada
como gasa de arrebol,
mis ojos que envidió el sol
aquí se volvieron nada!
Tan solo el dolor es fuerte
la vida es vano capullo.
Yo vi acabarse mi orgullo
bajo el peso de la muerte.
Ya todo es materia inerte
y que en este lugar
se tiene que terminar
el genio que esplendor tiene
y melancólico viene
las tumbas a visitar.
Llorar en estos desiertos
es una cosa muy vaga
porque el llanto nada apaga
ni resucita a los muertos
que con paños recubiertos
están en la loza fría,
aquí en un tétrico día
cae el que peca, el que no peca.
Así, haciendo horrible mueca
la calavera decía:
Aquí está la gran verdad
que sobre el orgullo pesa,
aquí la gentil belleza
se iguala a la fealdad,
aquí acaban la maldad
y la bondad apreciada;
aquí la mujer casada
es igual que la soltera,
me decía la calavera
con una voz apagada.
Yo soy el cráneo de aquella
a quien le contaste un día
poemas que no merecía,
porque no era así tan bella
como la primera estrella
de Oriente o de Tulipán,
a quien las auroras dan
el rocío que se deslíe,
aquí el que de mí se ríe,
de él mañana se reirán.
Yo escuchando aquella cosa
y lleno de horrible espanto
salí de aquel camposanto,
como veloz mariposa,
La luna pura y radiosa
vertía su lumbre fugaz
Y la calavera audaz
dijo al mirarme correr:
Aquí tienes que volver
y calavera serás!
Ante razón tan sentida,
sentí por el cuerpo mío
un extraño escalofrío
casi perdiendo la vida!
Con el alma entristecida
llegué a mi celda cristiana,
meditando que mañana
por fin que es ley de la Parca,
debo habitar la comarca
de la Gran Miseria Humana.